Como os iba contando, llegando a una circunvalación control de la policía. Jaquad cumplía estrictamente con las indicaciones de las señales y aminoraba la velocidad. A la altura del stop un policía nos echa una mirada y pide que estacionemos a un lado. Se asoma por la ventanilla y sin saludos solicita un sinfín de papeles, se acerca otro policía que pide a Jaquad que baje del coche, los tres se van a la parte trasera donde abren la puerta para aparecer la mercancía y mi mochila. Bajo del coche y me uno a Jaquad pero mi presencia no les hace gracia así que me piden que me meta de nuevo en el coche. Me retiro de la escena pero no tardan en reclamarme, lo mismo que en Tan Tan, que si hablo francés, no, inglés, no, pues como podemos. Me piden el pasaporte y miran y miran, me solicitan los papeles de entrada ¿pero que papeles de entrada? Entiendo que me preguntan algo sobre brasil, yo flipo, le digo que soy español como indica en el pasaporte, pero el tipo insiste en que le tengo que presentar los papeles de entrada. El caso es que no encuentra el sello de entrada al país de la policía de migración y piensan que he entrado ilegalmente, le clarifico el tema buscándole yo mismo el dichoso sello. Se queda más tranquilo pero ya recela y me dice que saque la mochila y la abra, me registran, miran en el interior del asiento delantero donde tengo la mochila pequeña con la cámara de fotos. Se llevan mi pasaporte y me piden que entre en el coche, se retiran a su todo terreno con Jaquad. Ahí ya no podía ver más que por el espejo retrovisor, mi compañero de viaje hacía aspavientos, iba de un lado a otro lamentándose, les suplicaba insistentemente. Uno de los policías se retiró para volver a pie de carretera, Jaquad seguía rogando, el policía le ignoraba en actitud de desprecio y arrogancia. La escena se alargaba y se tornaba lamentable, Jaquad comenzaba a llorar, se echaba las manos a la cabeza, las subía en alto implorando talvez a un Dios, que parecía no estar en ese momento para detener el acto deplorable de la policía marroquí. Pasados unos cuantos minutos se juntan los dos policías y al parecer toman una decisión, hablan con Jaquad que se muestra ahora abatido, como el reo que firmó la declaración para descansar de la tortura. Backshish, soborno, los policías se alejaron de Jaquad y continuaron con su labor a pie de carretera, Jaquad se aproximó a la furgoneta, abrió la puerta trasera, hurgó entre la mercancía y volvió al todo terreno de la policía con algo metido en la chaqueta, no parecían hacerle mucho caso pero volvieron para comprobar como mi compañero de viaje metía algo por dentro de la ventanilla. Ahí ya estaba todo resuelto, devolvieron los papeles, le hablaban a Jaquad en un tono más distendido como diciendo: si es que no tienes cuidado, tienes que tener todo en regla hombre, nosotros hacemos nuestro trabajo.
Jaquad entró agotado al coche, había tenido que sobornar con perfumes importados de Italia y al parecer algo de dinero. Yo le pregunté a que venía eso, por qué y con qué derecho, al parecer algo de la mercancía y el haber cogido a un turista español. No me lo podía creer, le preguntaba en qué reglamento está plasmado el no poder coger a alguien en la carretera, él me respondía ¡policía marroquí, policía marroquí!
Continuamos el viaje, Jaquad me decía ¡Todo bien Nacho, no pasa nada, todo bien! Y me daba un fuerte apretón de manos que marcaba, con ese acto, después de horas de carretera aventuras y desventuras la decisión firme y sincera de que a partir de entonces éramos amigos, desaparecía la palabra turista y sellábamos nuestra amistad.
El sol comenzaba en su ocaso a adentrarse bajo una etérea capa de polvo del desierto, me sorprendía un minúsculo punto blanco en el horizonte, como si el astro rey renunciara mansa y sutilmente a su fuerza para dar paso a la fría noche.
Volvía a tomar el volante, pensaba en lo que tiene que suponer vivir ante tanta adversidad. Nos volvimos a cambiar de asiento mientras la radio emitía algo en español, estábamos a la altura de las Islas Canarias. De repente y de nuevo…un puesto control de la policía. Nos miramos Jaquad y yo, no puede ser, el policía nos estaba deteniendo en la cuneta. Nos hacen bajar del coche a los dos, Jaquad se queja de que ya nos han parado y las consecuencias que ha tenido. Nos piden papeles y pasaporte, se aleja el policía, al rato regresa y nos indica que debemos entrar a la garita donde el oficial de guardia nos requiere. Al entrar lo que ya viene siendo un ritual, francés, no, inglés, tampoco ¡Pues a chapurrear! Ya hasta me estoy soltando y digo unas palabrillas. El oficial está muy interesado en qué hago yo por esos desiertos. Soy turista, sí, llevo una cámara y trípode porque hago fotografía en la naturaleza. El oficial es de mirada amable y en su rostro se dibuja una sonrisa irónica, si soy periodista, pues no, sólo viajo por fotografiar paisajes, y que paisajes voy a fotografiar en esa zona, me remito a la guía: barcos naufragados surrealistas, playas vírgenes… Pues no, esa sonrisa no se le quitaba de la cara, Jaquad ya compenetrado conmigo explica lo mismo y claro, somos amigos, como un largo viaje puede que les sepa a poco ya nos conocíamos por Internet. El oficial me pide los permisos para la cámara de fotos que se dan en Rabat ¿cómo, permisos? A mí nadie me ha informado de que en Marruecos haya que pedir permisos para fotografiar o llevar cámara ¿porque estamos en Marruecos, no? Que qué ruta voy a llevar, le explico que voy a Tarfaya pero que puede que llegue a El Aaiún para tomar un vuelo a Casablanca, el oficial me informa de que si bajo a El Aaiún, puede ser peligroso, que además no puedo llevar la cámara sin permisos y también me avisa de que no se me ocurra enfocar hacia instalaciones militares o algo que tenga que ver con ellos. Se anotan debidamente todos mis datos y los de Jaquad y nos dejan continuar viaje.
Mi compañero y yo nos montamos en la furgo y respiramos profundamente con la satisfacción que da una obra codo con codo bien trabajada, nuestra simpatía se acrecienta. Continuamos carretera y a los pocos kilómetros paramos a dos pescadores que viven lanzando su caña desde los acantilados de la carretera. Uno de ellos habla español así que charlamos un poco de todo, dice que los barcos no existen donde le indico, que sólo hay uno que hacía la ruta desde Canarias hasta Tarfaya y que naufragó hace unos años. Los pescadores sabían de la presencia de otro control policial así que me monté en la parte de atrás pues ya quedaba claro el gobierno de Mohamed VI no querían periodistas extranjeros en la zona, especialmente si eran españoles y que mi presencia les hacía sospechar. No se me veía, no nos pararon.
Tras parar en Sidi Akhfennir para dejar a los dos pescadores y echar un bocado no tardamos en llegar a Tarfaya. La oscuridad cubría los alrededores de esta pequeña ciudad, la que fuera segunda más grande bajo la zona de control español. También conocida por el piloto y escritor francés Antoine de Saint-Exupéry, que trabajó trayendo el servicio postal de Francia a Saint Louis, en Senegal. Tarfaya era una de las paradas, estuvo aquí como jefe de la sucursal de correos e ideo su relato más famoso, El Principito.
Tarfaya…

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