Para mí la simbiosis arte y naturaleza significa principalmente mantener un vínculo espiritual y emocional con la Madre Tierra, es aprender a apreciar y a disfrutar de la belleza del entorno natural, buscar la aventura y la libertad dentro del marco de la sociedad actual y no dejar de explorar el territorio de mi propia alma
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GUINEA ECUATORIAL II Crónica

II CRÓNICA “El encuentro con theobroma”

Los días pasan, son dos semanas, apenas nada en este flujo, en esta corriente en la que prevalece la contrariedad. Por el momento sigo muy lejos de la satisfacción, el trabajo es duro y deja poco espacio para la contemplación, poco tiempo para sumergirme en esos otros mundos de ecosistemas que provocan mi admiración.

La jornada transcurre en una zanja de gran tamaño realizada días atrás por una excavadora manejada por un habilidoso libanés, casi la totalidad de los trabajadores de este complejo deportivo en construcción son de otros países, Camerún, Ghana, Gabón, Nigeria…es un ejemplo de lo que ocurre en Guinea Ecuatorial. La tierra que ha quedado al descubierto ofrece unos tonos rojizos con  betas oscuras que desprenden un fuerte olor a descomposición, no llega a ser desagradable, se percibe su origen natural. En esta tierra tan viva no dejan de aparecer unos grandes bolos de piedra que son fáciles de quebrar, al hacerlo se perciben diferentes capas porosas y en el centro una composición de una materia mucho más dura, son piedras volcánicas, la isla de Bioko donde nos encontramos está formada por tres grandes volcanes.

El área que compone la obra, que se construye con la financiación de una de las empresas petroleras que extraen en Guinea, ha sido conquistada a la selva. Las construcciones están prosperando, no dejas de ver bloques y bloques de edificios en obras que van comiendo terreno a la gran masa forestal. En esa geometría de ladrillo y hormigón que se levanta arrebatando al paisaje su belleza y armonía, sorprende la abundante escritura china en carteles y muros. Me cuentan que es difícil competir con las constructoras chinas por el bajo coste de sus edificaciones, sus trabajadores son ciudadanos chinos, viven en la obra en contenedores apilados, de esos que trasportan la mercancía en los barcos. Al parecer son presidiarios sin salario, las constructoras pagan al gobierno chino la fianza y dan a los presos la oportunidad de trabajar a cambio de la condonación de la condena.

Pese a estos dolorosos contrastes en el paisaje por el momento no he apreciado un efecto desgarrador, al menos si lo comparamos con otros países que visité, o con España, que todo hay que decirlo. La isla de Bioko es uno de los lugares más húmedos y lluviosos del mundo y goza de una extraordinaria biodiversidad, hay muchas especies endémicas. De ahí extraigo algo que me pareció extraño, teniendo una tierra tan fértil y con tantas lluvias apenas encuentras variedad de frutas y verduras en los mercados. Preguntando te informan de que aquí apenas se cultiva, se importa mucho y se produce poco, uno de los motivos pudiera ser que los guineanos no trabajan la tierra, al menos en Bioko porque en la parte guineana del continente africano creo que es algo diferente. Una señora que regentaba un puesto de frutas y verduras en un mercado me respondía a la pregunta de por qué eran tan caros sus productos con la siguiente respuesta “A los guineanos nos gusta vivir bien, no nos gusta trabajar, lo cultivan otros de África y eso lo hace más caro”. Otra cuestión podría ser que a partir del descubrimiento del petróleo y el gas se despreciaron otras alternativas para la economía y se decidió importar. En fin, por daros algunos datos, sólo entre el 10 y el 20% de las producciones alimenticias las comercializan los ecuatoguineanos y la oferta nacional de productos alimenticios sólo satisface entre el 20 y el 30% del consumo nacional total, estamos hablando de maíz, arroz, tubérculos y cacahuete 

Haciendo referencia al tema de la productividad de la tierra os puedo contar una de mis experiencias, mi primer contacto con la selva, un breve respiro de emoción: hace unos días salí de las instalaciones del complejo deportivo y tomé una calle asfaltada que se corta en la frondosidad de las faldas del pico Basilé (foto), la montaña más alta de Guinea Ecuatorial con 3011m de altura, en realidad es uno de los tres volcanes que componen la isla. 


Pues bien, caminaba con ese latido agitado que origina el territorio desconocido y con la emoción del ávido aventurero observaba la densidad de la vegetación, la extraordinaria planta de los árboles, sus fornidas y expresivas ramas, los sonidos seductores y al mismo tiempo amenazadores –motosierras-, que surgen de la selva. Pasé un riachuelo que dejaba percibir el sonido de sus aguas pero que se escondía tras un fastuoso follaje, seguí caminando hasta que de repente un tímido sendero se adentraba en la zona boscosa, ahí el latido se aceleraba, es un momento en el que la duda encuentra un adversario fiel a mi espíritu, algunas veces imprudencia, en esta ocasión voluntad. Caminé observando la magnífica vegetación que me envolvía, no profundicé mucho pues debía regresar al trabajo, lo que encontré me maravilló, numerosos árboles del alimento de los dioses -el theobroma cacao- se extendían en una penumbra boscosa con superficie lóbrega de hojas en descomposición (foto), todo este espacio  que ahora pisaba estaba cubierto por el brillo de una incesante precipitación, la escena no hacía sino acentuar los tonos anaranjados de las mazorcas maduras de donde se extrae el grano del cacao, encontré un paisaje de notable belleza. 


Pude volver a tomar uno de esos magníficos frutos (la anterior ocasión fue en la Amazonía boliviana con los indios Takana), romper su corteza y saborear su exquisita pulpa. A mi regreso un señor que se encontraba en la calle asfaltada y con el que me detuve a una breve conversación me decía que el cacao ya no se trabaja en esta parte de Guinea. Antes de la independencia se extraía y se procesaba uno de los mejores cacaos del mundo y era uno de los motores de la economía junto al café y la madera, pero con la llegada de la dictadura de Macías en la década de los 70 se decide terminar con todo resquicio de explotación colonial -en otros tiempos algunos terratenientes, principalmente españoles,  explotaron estas tierras, a sus nativos y a otros que traían del continente africano para cultivar el cacao-. Los árboles que tenía ante mí dan sus frutos desde hace décadas y nadie se preocupa por recogerlos, nadie les saca provecho, el señor con el que conversaba me señalaba las extensiones de estos cultivos,  son enormes. También crecen en las mismas condiciones la papaya, piñas y bananas, de estos últimos frutos sí que he visto salir cargadas de manojos a mujeres.

Pues por hoy aquí os dejo, en la próxima ocasión espero poder contaros algunas otras cuestiones del país más rico de África, pero sin embargo uno de los más desigualitarios del mundo. También haré referencia al carácter un tanto serio de este pueblo, a cómo se percibe su relación con nosotros los blancos occidentales, sobre todo a un cierto enfado en el gesto cuando se trata a los españoles. Si decido hablaros del tema es porque creo que sucede  habitualmente. Puede que si profundizamos en la historia de Guinea Ecuatorial encontremos muchas respuestas a esto.   

Hasta el momento hemos tenido bloqueados el facebook y otras páginas como los periódicos digitales. Si intentaba acceder salía directamente la página del gobierno. Puede volver a pasar, os mando corriendo la crónica.  


Marruecos 2010 Tarfaya


Cuando entramos en esta ciudad de unos 4500 habitantes ya había anochecido. Jaquad permanecía de copiloto, seguíamos las indicaciones de algunos transeúntes para llegar al Hotel Bahja. Pasamos por la avenida principal (no tendría más de 500m de largo), que partía la pequeña ciudad en dos. A ambos lados se sucedían las concurridas terrazas de los cafés, las parrillas instaladas en la aceras despedían un humo de olor intenso a pescado que no tardaba en superar las sencillas estructuras de los bajos edificios. Poco tráfico, apenas nada, algunas bicicletas y motos. Los hombres jugaban en las mesas a cartas, tomaban té, fumaban y charlaban en pequeños grupos sosegadamente, con la calma del desocupado, con el ocio confinado. Al contemplar la escena sentí algo gris, brusco, incómodo, por un momento me estaba sumergiendo en una representación de un mundo apocalíptico, condenado a vivir sin el equilibrio natural del ser humano, en ese instante de la noche la avenida carecía de la presencia femenina.

Pude quitarme esa sensación, de la avenida asfaltada nos adentramos por una estrecha calle lateral, ahora de tierra. Allí había un ir y venir de gentes de ambos sexos, pequeños grupos dialogaban detenidos en las intersecciones de las calles. Las casas, en su mayoría de una planta, mostraban sus fachadas de tonos amarillos pastel, otras de adobe parecían fundirse con la arena de la calle, la misma del desierto. La luz de las farolas se sentía dormitar, no abrazaba en su totalidad la calle dejando espacios en penumbra. En ese lienzo destacaban vibrantes notas de color, las mujeres saharauis con su colorida melfa. Fuimos callejeando siguiendo una y otra indicación hasta parar en la puerta del Hotel Bahja, había habitación así que descargué mis cosas y ofrecí a Jaquad quedarse a cenar, decidió continuar sin demora hasta El Aaiún, alrededor de 100km hacia el sur, no quería que se le hiciera más tarde. Nos despedimos con un fuerte abrazo y dejando abierta la posibilidad, que no se pudo dar, de que me encontrara con él en El Aaiún.

En el hotel me atendió Mohamed, un joven con una sonrisa casi imborrable y ojos vidriosos, como si disfrutara de los efectos del hachís de forma constante, pero no era así. Sabía hablar español y me trataba como si fuera un amigo de toda la vida, me sentí enseguida arropado en este negocio familiar donde el casero también hablaba un poquito de español y destacaba por el buen sentido del humor. Para llegar a las habitaciones tenía que subir dos pisos por un angosto pasillo, el espacio donde descansaría unos días sin determinar era sencillo, la cama de matrimonio casi ocupaba la totalidad de la habitación, el baño era compartido. Dejé mis cosas, encargué un pescado con ensalada y patatas fritas y me fui a dar un paseo por el pueblo, mejor dicho, la ciudad.

La sensación que tuve al caminar por sus calles fue diferente a todo cuanto había experimentado durante el viaje, me pareció un lugar olvidado, empobrecido, un tanto decadente, como si la carcasa de ese paisaje se apoderara de alguna manera de sus habitantes y éstos sucumbieran resignados. Sin un rumbo fijo, dando sensación de desorientado era solicitado por aquí y por allá: ¡eh! ¿Español, francés? ven, ven! pero yo en principio quería caminar y empaparme del lugar. Llegué al paseo marítimo, un pequeño muro hacía de contención para la arena de la playa, unos bancos de cemento destartalados no acogían presencia humana, apenas había iluminación e intuía el océano por el rugido de sus olas. Dejé el desolado paseo y seguí caminado, ahora el muro se hacía más alto, infranqueable, estaba llegando al puerto. Como el recorrido me angustiaba decidí regresar y comprobar si estaba hecha la cena. Por el camino se dirigió a mí un muchacho hablando un fluido español: Soy el chico que te llamó antes, sólo quería hablar contigo un rato, nada más. Me disculpé por mi mal gesto y me detuve a conversar, no tardo mucho en llegar otro personaje: ¡Hola chaval! ¿Qué pasa, que tal por aquí? Era un hombre de piel morena, su rostro bien curtido, pelo canoso, aspecto en general desaliñado, rondaría los 60. Me sorprendió su forma de hablar español y se lo dije, me contesto: Chaval, yo he nacido con bandera española, pero ya ves, el Juan Carlos nos traicionó, nos vendió a otro rey, el de Marruecos. Cuando hablaba miraba para los lados con inseguridad y moderaba el tono de su voz, como si me estuviera trasmitiendo una información secreta o comprometida que le pudiera causar problemas. Me explicó que él era saharaui, que había crecido siendo el Sahara español y que ahora, estando la zona bajo control de Marruecos, no les daban trabajo, los marginaban, los trataban como despojos. Los marroquíes habían llegado y ocupado los puestos de poder y estaban explotando los recursos de la zona. Me preguntó donde me hospedaba, le contesté y me dijo que en el Hotel Bahja son marroquíes pero buena gente. Seguíamos hablando cuando apareció un volkswagen golf negro, en ese momento cambió su rostro, me indicó que debíamos dejar la conversación, el personaje que iba en el coche era un comisario de policía, al día siguiente pasaría a recogerme por el hotel y me llevaría a un sitio donde podríamos hablar tranquilamente y que me iba a contar algunas cosas importantes de lo que allí acontecía. El grupo se disolvió y yo me dirigí a dar cuenta de la cena que me habían preparado.

Durante la cena charlaba sobre mi itinerario con el casero, como anteriormente el pescador que cogimos en la carretera, me dijo que los barcos naufragados no estaban donde le indicaba, yo le enseñé la guía pero el insistió, el único barco naufragado que hay es el Armas, un ferry que hacía la ruta Tarfaya-Fuerteventura y encalló frente a la costa en el 2008. Aquí comenzaron una serie de desencantos que me acompañaron durante mi estancia en Tarfaya, al parecer sí existían esa serie de naufragios pero el surrealismo de sus restos había sido descompuesto en fragmentos que una empresa vendió como chatarra.

A la mañana siguiente me preparé para una larga excursión, primero iría al norte, a contemplar el Armas, luego al sur, a pasear por las playas vírgenes. Desayuné una deliciosa crepe marroquí con mermelada y mantequilla, té con menta, compré una torta de pan recién hecha y unas botellas de agua y salí a caminar.

El Armas estaba como a 2km al norte de Tarfaya siguiendo la línea de la playa. Así que allí me dirigí, recorrí la zona del puerto donde pude ver un puesto militar, nada de fotos, la zona estaba un poco dejada. Decir que Tarfaya presagió un boom inmobiliario, las sanguijuelas de los inversores pensaban mudar éste tranquilo lugar en un complejo vacacional, traerían turismo español desde Canarias a través del ferry, el ferry encalló, la ruta cambió (ahora va desde Canarias a El Aaiún) y los sueños se desvanecieron. Estoy seguro de que la inversión traería prosperidad a la zona, pero cuando escucho la palabra inversor inmobiliario tiemblo.

Al dejar atrás el puerto comencé a pisar la arena del Sahara, mis pies se clavaban y era pesado avanzar así que decidí aproximarme a la orilla del mar para tomar terreno más duro. De camino me encontré con un pequeño edificio, como una caseta, la parte trasera de un camión se acoplaba a su entrada. Había unos hombres trabajando pero no podía determinar qué es lo que hacían hasta que lo tuve delante y el olor nauseabundo me hizo retroceder. La piel que un día diera protección a unos seres de la naturaleza ahora desparramada, amontonada sin valía. En el costado de la garita se apreciaba un estrecho orificio por el que se desprendían tripas, vísceras y otros órganos internos, un líquido manaba como una fuente inmunda que anunciaba la muerte y la descomposición. Ese líquido formaba un lóbrego charco que avanzaba con unos tentáculos hacia el mar. La escena me puso mal cuerpo, también me entristeció y me llenó de rabia. Muchas sensaciones recorrían mi cuerpo, pensaba en la inmundicia que hacemos absorber al mar, pensaba en el instante final de esos seres vivos, me reafirmaba en la opción de ser vegetariano, desde luego contemplar estas escenas te hacen plantear muchas cosas.


Continué cerca de la orilla de la playa, me adentré entre pequeñas montañas de escombros, restos de derribos y obras, acción humana. Me estremeció un cúmulo de patas y caparazones con pequeñas protuberancias, una gran cantidad de centollos yacían muertos formando más montaña, como si de otro desperdicio se tratara. Las resecas carcasas formaban un entramado que daba un aire a seres extraterrestres. Al observar detenidamente se apreciaba los restos de una red, ya los arrojaron muertos. No me podía quitar de la cabeza una escena alucinante de miles de centollos caminando como un regimiento por el lecho marino.
http://www.youtube.com/watch?v=LZLZ_ArF9jo


Dejé la triste escena y continué hacia el norte, el nudo en el estómago no desaparecía, ahora un mosaico de color iluminaba la orilla de la playa, los plásticos formaban una composición que parecía responder a una finalidad artística. Hasta llegar al barco naufragado apenas se apreciaban espacios a salvo de la inmundicia humana.


Resultó que el Armas no me aportó la belleza que imaginaba, no me pareció atractivo, no me trasmitió apenas nada. Sin el dialogo con el espacio retrocedí buscando las playas al sur de Tarfaya.

Volví a pasar el puerto, el paseo marítimo con dos de los atractivos destacados de la ciudad: Casa Mar, restos de piedra de lo que fuera el primer asentamiento, un puesto comercial británico que del S.XIX, del que más tarde se apoderaron los españoles. Y el otro atractivo es un monumento en hierro, la maqueta del biplano que utilizara Saint-Exupéry. Caminé pasando algunas casas en ruinas y varias cabañas de pescadores hasta llegar al interminable tramo de playa, se pierde en el horizonte hacia el norte. Continué varios kilómetros y me detuve a contemplar el atardecer, como ya os describiera en otra ocasión, en el Sahara se produce una extraordinaria conjunción entre el polvo del desierto y el astro rey, si a esto añadimos el efecto que se produce al reflejarse en el agua del océano el resultado es maravilloso. Una lástima que las bolsas de plástico esparcidas por la arena de la playa quisieran tomar tanto protagonismo.

 Volví a pasar el puerto, el paseo marítimo con dos de los atractivos destacados de la ciudad: Casa Mar, restos de piedra de lo que fuera el primer asentamiento, un puesto comercial británico que del S.XIX, del que más tarde se apoderaron los españoles. Y el otro atractivo es un monumento en hierro, la maqueta del biplano que utilizara Saint-Exupéry. Caminé pasando algunas casas en ruinas y varias cabañas de pescadores hasta llegar al interminable tramo de playa, se pierde en el horizonte hacia el norte. Continué varios kilómetros y me detuve a contemplar el atardecer, como ya os describiera en otra ocasión, en el Sahara se produce una extraordinaria conjunción entre el polvo del desierto y el astro rey, si a esto añadimos el efecto que se produce al reflejarse en el agua del océano el resultado es maravilloso. Una lástima que las bolsas de plástico esparcidas por la arena de la playa quisieran tomar tanto protagonismo.

Marruecos 2010 hacia Tarfaya II

Como os iba contando, llegando a una circunvalación control de la policía. Jaquad cumplía estrictamente con las indicaciones de las señales y aminoraba la velocidad. A la altura del stop un policía nos echa una mirada y pide que estacionemos a un lado. Se asoma por la ventanilla y sin saludos solicita un sinfín de papeles, se acerca otro policía que pide a Jaquad que baje del coche, los tres se van a la parte trasera donde abren la puerta para aparecer la mercancía y mi mochila. Bajo del coche y me uno a Jaquad pero mi presencia no les hace gracia así que me piden que me meta de nuevo en el coche. Me retiro de la escena pero no tardan en reclamarme, lo mismo que en Tan Tan, que si hablo francés, no, inglés, no, pues como podemos. Me piden el pasaporte y miran y miran, me solicitan los papeles de entrada ¿pero que papeles de entrada? Entiendo que me preguntan algo sobre brasil, yo flipo, le digo que soy español como indica en el pasaporte, pero el tipo insiste en que le tengo que presentar los papeles de entrada. El caso es que no encuentra el sello de entrada al país de la policía de migración y piensan que he entrado ilegalmente, le clarifico el tema buscándole yo mismo el dichoso sello. Se queda más tranquilo pero ya recela y me dice que saque la mochila y la abra, me registran, miran en el interior del asiento delantero donde tengo la mochila pequeña con la cámara de fotos. Se llevan mi pasaporte y me piden que entre en el coche, se retiran a su todo terreno con Jaquad. Ahí ya no podía ver más que por el espejo retrovisor, mi compañero de viaje hacía aspavientos, iba de un lado a otro lamentándose, les suplicaba insistentemente. Uno de los policías se retiró para volver a pie de carretera, Jaquad seguía rogando, el policía le ignoraba en actitud de desprecio y arrogancia. La escena se alargaba y se tornaba lamentable, Jaquad comenzaba a llorar, se echaba las manos a la cabeza, las subía en alto implorando talvez a un Dios, que parecía no estar en ese momento para detener el acto deplorable de la policía marroquí. Pasados unos cuantos minutos se juntan los dos policías y al parecer toman una decisión, hablan con Jaquad que se muestra ahora abatido, como el reo que firmó la declaración para descansar de la tortura. Backshish, soborno, los policías se alejaron de Jaquad y continuaron con su labor a pie de carretera, Jaquad se aproximó a la furgoneta, abrió la puerta trasera, hurgó entre la mercancía y volvió al todo terreno de la policía con algo metido en la chaqueta, no parecían hacerle mucho caso pero volvieron para comprobar como mi compañero de viaje metía algo por dentro de la ventanilla. Ahí ya estaba todo resuelto, devolvieron los papeles, le hablaban a Jaquad en un tono más distendido como diciendo: si es que no tienes cuidado, tienes que tener todo en regla hombre, nosotros hacemos nuestro trabajo.

Jaquad entró agotado al coche, había tenido que sobornar con perfumes importados de Italia y al parecer algo de dinero. Yo le pregunté a que venía eso, por qué y con qué derecho, al parecer algo de la mercancía y el haber cogido a un turista español. No me lo podía creer, le preguntaba en qué reglamento está plasmado el no poder coger a alguien en la carretera, él me respondía ¡policía marroquí, policía marroquí!

Continuamos el viaje, Jaquad me decía ¡Todo bien Nacho, no pasa nada, todo bien! Y me daba un fuerte apretón de manos que marcaba, con ese acto, después de horas de carretera aventuras y desventuras la decisión firme y sincera de que a partir de entonces éramos amigos, desaparecía la palabra turista y sellábamos nuestra amistad.

El sol comenzaba en su ocaso a adentrarse bajo una etérea capa de polvo del desierto, me sorprendía un minúsculo punto blanco en el horizonte, como si el astro rey renunciara mansa y sutilmente a su fuerza para dar paso a la fría noche.

Volvía a tomar el volante, pensaba en lo que tiene que suponer vivir ante tanta adversidad. Nos volvimos a cambiar de asiento mientras la radio emitía algo en español, estábamos a la altura de las Islas Canarias. De repente y de nuevo…un puesto control de la policía. Nos miramos Jaquad y yo, no puede ser, el policía nos estaba deteniendo en la cuneta. Nos hacen bajar del coche a los dos, Jaquad se queja de que ya nos han parado y las consecuencias que ha tenido. Nos piden papeles y pasaporte, se aleja el policía, al rato regresa y nos indica que debemos entrar a la garita donde el oficial de guardia nos requiere. Al entrar lo que ya viene siendo un ritual, francés, no, inglés, tampoco ¡Pues a chapurrear! Ya hasta me estoy soltando y digo unas palabrillas. El oficial está muy interesado en qué hago yo por esos desiertos. Soy turista, sí, llevo una cámara y trípode porque hago fotografía en la naturaleza. El oficial es de mirada amable y en su rostro se dibuja una sonrisa irónica, si soy periodista, pues no, sólo viajo por fotografiar paisajes, y que paisajes voy a fotografiar en esa zona, me remito a la guía: barcos naufragados surrealistas, playas vírgenes… Pues no, esa sonrisa no se le quitaba de la cara, Jaquad ya compenetrado conmigo explica lo mismo y claro, somos amigos, como un largo viaje puede que les sepa a poco ya nos conocíamos por Internet. El oficial me pide los permisos para la cámara de fotos que se dan en Rabat ¿cómo, permisos? A mí nadie me ha informado de que en Marruecos haya que pedir permisos para fotografiar o llevar cámara ¿porque estamos en Marruecos, no? Que qué ruta voy a llevar, le explico que voy a Tarfaya pero que puede que llegue a El Aaiún para tomar un vuelo a Casablanca, el oficial me informa de que si bajo a El Aaiún, puede ser peligroso, que además no puedo llevar la cámara sin permisos y también me avisa de que no se me ocurra enfocar hacia instalaciones militares o algo que tenga que ver con ellos. Se anotan debidamente todos mis datos y los de Jaquad y nos dejan continuar viaje.

Mi compañero y yo nos montamos en la furgo y respiramos profundamente con la satisfacción que da una obra codo con codo bien trabajada, nuestra simpatía se acrecienta. Continuamos carretera y a los pocos kilómetros paramos a dos pescadores que viven lanzando su caña desde los acantilados de la carretera. Uno de ellos habla español así que charlamos un poco de todo, dice que los barcos no existen donde le indico, que sólo hay uno que hacía la ruta desde Canarias hasta Tarfaya y que naufragó hace unos años. Los pescadores sabían de la presencia de otro control policial así que me monté en la parte de atrás pues ya quedaba claro el gobierno de Mohamed VI no querían periodistas extranjeros en la zona, especialmente si eran españoles y que mi presencia les hacía sospechar. No se me veía, no nos pararon.

Tras parar en Sidi Akhfennir para dejar a los dos pescadores y echar un bocado no tardamos en llegar a Tarfaya. La oscuridad cubría los alrededores de esta pequeña ciudad, la que fuera segunda más grande bajo la zona de control español. También conocida por el piloto y escritor francés Antoine de Saint-Exupéry, que trabajó trayendo el servicio postal de Francia a Saint Louis, en Senegal. Tarfaya era una de las paradas, estuvo aquí como jefe de la sucursal de correos e ideo su relato más famoso, El Principito.

Tarfaya…

Marruecos 2010 hacia Tarfaya I

El área al norte de Tarfaya es extremadamente pintoresca, con playas atlánticas vírgenes y una serie de naufragios surrealistas, claramente visibles desde la carretera, saliendo de entre las aguas.
lonely planet

Leer estas palabras en la guía fue suficiente para que mi imaginación se dejara llevar por entre las chatarras, cadáveres emergentes, siluetas huérfanas trazadas por la luz de la gran estrella. Ya caminaba por las orillas dejándome distraer por la respiración inquebrantable del Océano Atlántico. Mi piel se erizaba al sentir el vuelo rasante de las aves que iluminan el rostro de los naufragados. Respiraba su virginidad y deseaba acogerme en ella.

De Casablanca a las playas de Tarfaya:

Dejo atrás otras aventuras que no sé si llegaré a relatar y tomo carretera para llegar a Tarfaya. Con la sensación de soledad equilibrada, perdido el miedo a las sombras que acechan en todo lo desconocido, con la honestidad de los gestos anteponiéndose a la palabra llegué a Tiznit. El viaje fue largo después de tomar un autobús en Marrakech y otro en Agadir, se hizo de noche y la verdad, cuando no vas con itinerario marcado, adentrándote en lo inexplorado y sin manejar más que el idioma de la madre que te vio nacer, te invade una sensación de ser desamparado. En Tiznit tome un petit taxi que me dejó en un lugar que recomiendo, Legzira. Poco le queda a este espacio de hermosa naturaleza, donde las estructuras de las rocas abren espacios que conviene contemplar a través de la calina y bañados por la luz de la luna llena. Los elementos que ya destrozaron las costas del litoral español, ahora se ceban en estas lindes y amenazan el equilibrio del delicado ecosistema. Los bungalows surgen en lo alto del acantilado rompiendo las formas orgánicas, sus retículas lanzan un mensaje al Océano: pronto beberás de nuestros desperdicios. Sí, aquí también están llegando, la vorágine destructora de las constructoras crea urbanizaciones bien equipadas, ya sabéis, hasta campos de golf y supermercados.



Salí de Legzira con esa sensación de la que no me desprendo, amenazas constantes a la Naturaleza, a nosotros mismos en cualquier rincón del mundo. Comencé esta etapa del viaje ampliando las posibilidades de mi forma de viajar, el autostop no sólo es efectivo a la hora de parar, además te abre la posibilidad de conocer a personas del la zona, con ello y pese a la nombrada dificultad del idioma, otra cultura y las peculiaridades de cada lugar.

De Legzira a Sidi Ifni me cogió el propietario del albergue donde me hospedé, el Aubergue Legzira (lo recomiendo por su antigüedad y su ubicación a pie de playa, sus pescados a la brasa y un buen trato de todo el personal. La tranquilidad se veía un poco alterada por las obras en la azotea). Me contó que estaban preocupados por el impacto medioambiental que iban a tener las nuevas construcciones. Habían hecho lo imposible por detener esa aberración pero no hubo manera. Supongo que como pasó en España, dinero con el que untar a todos los que tiene que poner la firma.

Sidi Ifni-Goulmime en un petit taxi, un mercedes muy antiguo en el que compartía el asiento delantero con otro pasajero, detrás cuatro personas más. En las curvas de un lado se me clavaban los huesos del compañero, del otro todo era agarrarme donde podía no fuera que esa puerta se abriera saliendo disparado y volando por un acantilado.

En Goulmine me dejaron en la estación de taxis, allí un tipo me intentaba preguntar a donde me dirigía, como no le entendía muy bien fueron llegando otros personajes y uno tras otro hasta que apareció el que hablaba español. Jaquad viajaba hasta El Aaiún en una furgoneta pequeña, creo que era una Berlingo, llevaba chilabas que confeccionaba su familia y algo de cosmética para comercializar en esa zona del Sahara. Me ofreció llevarme hasta Tarfaya por una cantidad de dinero muy asumible dados los kilómetros que me esperaban y la comodidad del transporte. El viaje fue ameno y divertido intentando entenderme con él, contemplando el paisaje, turnándonos en conducir y otros acontecimientos que no tardaron en suceder.

Por la carretera a Tan Tan se apreciaba la desolación, la inhóspita extensión del desierto, costaba hacerte a la idea de cómo un ser humano se puede adaptar a esas condiciones de vida, pero lo hacen. Paramos a una señora que permanecía en la orilla de la carretera, le pidió a Jaquad si le podía llevar a Tan Tan. Continuamos el trayecto, yo seguía conduciendo, escuchaba el sonido de sus voces, me recreaba en la fuerza de la expresión de esa mujer saharaui salida del inhumano paisaje. Su figura quedaba envuelta en finas telas de color negro pero dejaba su rostro al descubierto. El mismo que opinaba de la dureza del desierto por sus profundas arrugas, respondía con una mirada viva y alegre. Al llegar a Tan Tan nos invitó a pasar a su casa para tomar un té. Nos adentramos en un sinfín de callejuelas hasta llegar allí. Nos recibieron con cordialidad y gratitud, nos pasaron a una habitación confortable, el suelo repleto de alfombras y almohadas fue protagonista de la hospitalidad saharaui. Fueron llegando miembros de la familia, el patriarca se sentó a mi lado con una mesita donde comenzó el esmerado ritual del té. Con qué mesura ponía las piedritas de azúcar en la tetera y llenaba los vasos, para volver a volcar el líquido ámbar en la tetera y volver a empezar. Nos sacaron un pan que mantenía todavía su calor, una esponjosa torta de superficie áspera que al tocarla te trasmitía la profundidad de una creación artesanal. De unos cuencos se desprendía el color verde intenso del aceite de oliva, los aromas afrutados no tardaron junto con el pan en llenar mi paladar. El patriarca sabía algunas palabras de español, las soltaba con un rostro serio pero las carcajadas de las mujeres que permanecían en otro grupo me hacían entender que era un hombre con buen sentido del humor. Al momento sacaron dos hermosas botellas de cristal tallado que contenían un delicioso yogur de cabra, no dejaban de llenarnos los vasos. Uno de los hombres salió y trajo una botella de colonia, yo me preguntaba si el olor de mis calcetines había causado mala impresión y buscaban una solución, pero no, en los siguientes días comprobé que forma parte del halago al invitado, nos bañó la cabeza a Jaquad y a mí. Nos despedimos agradecidos de esa familia que nos habían atendido con semejante hospitalidad y nos encaminamos hacia una mezquita donde Jaquad tenía que rezar.

Primer encuentro con la policía marroquí. Pasábamos cerca de una estación de autobuses, había un coche parado de la policía con tres de ellos dentro, me llamaron y pidieron el pasaporte en francés, yo nada, que no hablo francés, pues me dicen si hablo inglés, no, sólo español. Decir que los tres tipos daban un poco de miedillo y al mismo tiempo eran cómicos, parecían sacados de una película de espías en blanco y negro, tipo Casablanca. Yo no sabía como tratarlos ni como tomarme la escena, pero cuando me retuvieron el pasaporte y se pusieron bordes con Jaquad me fui preocupando. Querían saber que hacía yo por ahí, mi compañero de viaje les explicó que era turista que iba a hacer fotos por Tarfaya, peor, me preguntaban si era periodista, así un rato que yo no entendía nada y que Jaquad intentaba explicarse. Al final nos mandan salir inmediatamente de Tan Tan y no detenernos en ninguna parte hasta llegar a Tarfaya. No entendía nada, Jaquad me decía ¡Policía marroquí, policía marroquí! y se echaba las manos a la cabeza como con resignación. Así que ni rezos ni nada de nada, salir de allí cagando leches pues aquí le tienen mucho miedo a la policía. No tardaría en comprender el por qué de la actitud de esos personajes.

Seguimos la carretera y pasados unos kilómetros control de la policía…

Marruecos 2010 Douar Tizgui

Mis queridas/os amigas/os saben como me dejo llevar por mi corazón impetuoso, peregrino, aventurero, apasionado, soñador... Lo que tengo que contaros es un relato de rasgos orientales que me acercaron a la profunda cultura Bereber y que me abrieron las puertas a un caudal de sensaciones.

Caminaba por la naturaleza en soledad, había salido muy temprano para hacer una ruta por la montaña, comenzaba por una garganta, ascendía por desfiladeros, recorría espacios que no entienden de lenguas ni culturas, me llenaba de energía y podía dialogar con las rocas, plantas, río, nubes, algunos animalillos. También contemplaba milenarios vestigios de estructuras que el ser humano creó en armonía con la naturaleza, representaciones bucólicas, un viaje en el tiempo para prescindir de nuestro tiempo. Toda una experiencia que me llenaba de vida... el lugar, la Garganta del Todra.


Al caer la tarde estaba emocionado por lo que había visto, sentido y fotografiado. Decidí regresar por el camino mas largo, me esperaba el oasis, sus huertas y los frondosos palmerales. Agotado físicamente después de ocho horas caminando pero lleno de voluntad, feliz, entraba en la aldea bereber de Douar Tizgui, un lugar hermoso y tranquilo enclavado en las profundidades de una estéril y ocre montaña. Allí, el sonido principal proviene del discurrir de las aguas de un río que nace en la cordillera del Atlas y sorprendentemente no desemboca en ningún lugar, el líquido vital es conducido por acequias y canales sosteniendo la vida del Valle del Todra. Otro de los sonidos seductores que envuelven Douar Tizgui es el de las aves, habitantes de los frondosos jardines de donde los aldeanos se proveen de aceitunas, dátiles, granadas, mandarinas, almendras, calabazas, tomates...

Seguí caminado y al comienzo de la aldea escuché la música de una especie de ritual o festejo que provenía de lo alto de una casa. En la calle había mujeres ataviadas con trajes preciosos llenos de color, sus delicadas telas se presentaban con motivos vegetales, algunas con bordados que acentuaban su suntuosidad. El atuendo cubría sus cabezas y se desprendía en ligeras capas hasta el suelo, alguna de ellas acentuaba el brillo de su presencia con collares, pendientes y pulseras con la filigrana típica de la cultura bereber. El conjunto que formaban aquellas mujeres estaba lleno de exotismo.

Aún me pregunto como fui capaz de adentrarme entre el grupo de mujeres y con gestos que partían de mi corazón (ni idea de francés, ni mucho menos bereber) solicitar pasar para poder contemplar el festejo. Me miraban y miraban, unas se reían, otras se extrañaban pero me iban invitando a pasar. Me temblaba todo, estaba totalmente emocionado. Una vez dentro de la casa encontré a un muchacho alto, negro, vestido de traje elegante, ya más occidental, que se puso a hablarme en francés. Difícil entenderle, pero siempre hay algo con lo que te aclaras, un lenguaje que va más allá de las palabras, así que el tipo hizo de mi anfitrión. Me adentró como si fuera colega de toda la vida, subí por unas escaleras a un piso superior donde había gente por todas partes, pasaba por habitaciones donde estaban cocinando con hornillos precarios, todo en el suelo, cuscús, carne y tajine, olía fenomenal. El té salía en bandejas y se repartía a los presentes, lo que más me impresionaba era el sonido de los cantos e instrumentos de las mujeres, provenían de una habitación al fondo y en la puerta se agolpaban numerosas personas. Mi anfitrión me fue acercando, por un momento fui el centro de atención, solo podía ponerme colorado pero creo que estaba tan emocionado que ni eso.

Algo que me cautivó fue la mirada de las mujeres, pero especialmente de una que me penetró al instante. Las mujeres bereber se pintan los ojos con un pigmento natural negro, indicación de que están casadas, eso y el color de sus ojos provoca una mirada misteriosa, profunda. El interior de la interesante habitación tenía el suelo lleno de coloridas alfombras y casi en su totalidad estaba repleto de mujeres de todas las edades que sentadas en el suelo y ataviadas con los trajes que os describía anteriormente cantaban o tocaban instrumentos. El único hueco que quedaba en la sala era un pequeño círculo dedicado al baile, en el momento en el que pude observar la escena bailaban un grupito de chicas, la sensualidad al mover sus cuerpos, el colorido de los trajes, los cánticos, los olores a perfumes extraños, hacían una escena asombrosa, cautivaba todos los sentidos. Mi anfitrión fue llevado por las mujeres a bailar, le acompañó otro hombretón igual que era su hermano, ahí las mujeres descargaban unos gritos muy intermitentes (no los sabría repetir), las que bailaban se movían alrededor de los hombres, fue muy intenso.

Al poco llegó Rachid, un chico que vive en España y por fin, alguien hablaba español, fue mi nuevo anfitrión. Ya cuando salieron los hombres que estaban bailando se quedaron de nuevo las mujeres solas, entonces me invitaron a entrar y como ya tenía traductor pude decirles que me daba vergüenza, también hacia un gesto de timidez con un pañuelo largo de gasa blanca que llevaba a modo de turbante para protegerme del sol o del frío. Me respetaron totalmente, las mujeres me ofrecieron té, me miraban a los ojos, se reían, la chica de la mirada cautivadora me seguía mirando como por dentro. Rachid me llevo por el piso y me fue explicando todo el ritual bereber de la boda a la que estaba asistiendo. Me preguntó de nuevo si quería bailar, esta vez luchando contra todos mis miedos dije que sí, caminé por el pasillo hacia la habitación con la concentración del boxeador que se dirige al ring. Rachid se comprometió a acompañarme en el baile y me anuncio ante la sala. En ese momento no bailaba nadie, o sea, todas las miradas puestas en el personaje peculiar que había aparecido invitado por no se sabe quien. Pues querid@s amig@s, lo que aconteció en aquel espacio de alguna manera estaba empapado de las danzas con las que me expreso en la cúpula, dentro de la mina de sal. Ante el sonido penetrante de la música y los gritos de esas mujeres me movía con una felicidad pura, intensa, la sonrisa iluminaba mi cara y mi corazón, por un momento fue como una liberación, una transformación interior, no era consciente de mi cuerpo, dance una canción y las mujeres me miraban y hablaban, se seguían riendo, fue alucinante. Les dí las gracias con la mano emocionada en mi corazón. Salí con Rachid hacia una habitación donde comimos unas cuantas personas de un gran plato de barro, de diferentes perolas iban llegando la ternera guisada, la cebolla, el tomate, aceitunas, dátiles, lo mas rico que he comido en Marruecos.

Por si no os lo he contado las bodas duran tres o cuatro días, dependiendo del poder adquisitivo de la familia, yo me encontraba en tercer y último día, cuando el novio iba a buscar a la novia a casa de sus padres y se la lleva a su nuevo hogar. Rachid me llevó a ver a la novia, que estaba dentro de una habitación sin salir a la fiesta, solo entraban familiares y personas que llevaban sus regalos. En la habitación la novia estaba sentada sobre una cama, su rostro tapado con un velo rojo que dejaba ver plenamente su rostro, aquí las mujeres llevan pañuelo en la cabeza pero no ocultan su rostro. Rachid hizo de traductor y pudimos hablar un poco, le hice un regalo dando lo que llevaba en ese momento, algo de dinero, lo agradeció mucho. Ahí iban pasando mujeres y comenzaron a hacer bromas sobre si me quería casar con alguna de ellas, yo les tenía que mirar a los ojos y si estaban pintados es que estaban casadas y el cachondeo era total, yo les decía ¡no, no, tu casada! fue muy divertido.

La fiesta se trasladó a un patio, bajo unas parras siguieron cantando y bailando ¡que energía transmiten estas gentes! Yo participaba con las palmas y algún movimiento de mi cuerpo, pero ya más ligero, me comenzaba a pesar todo. Reflexionaba sobre las diferentes tradiciones que dan sentido a las bodas. Pensaba en nosotros, estaríamos con una orquesta o disco-móvil, los que más puestos hasta el culo. Aquí el bereber tres días sin alcohol ni por supuesto drogas.
Ya bien entrada la noche y pensando en la preocupación de la gente del hotel, que me había visto salir a las montañas a primera hora de la mañana sin el insistente guía que te quieren emplumar, con su concepto de que los turistas somos un poquillo lerdos, con un cansancio acumulado y lleno de emociones, decidí despedirme de esa maravillosa y hospitalaria gente que me había proporcionado unos momentos fascinantes que guardaré en mi retina y mi corazón.


Marruecos 2010 desierto de Erg Chebbi

    Marruecos ha sido un viaje de muchos contrastes, he podido recorrer espacios de una naturaleza increíble, pura, salvaje, pero no todos los lugares son respetados de la misma manera. Unos son saturados, se los explota para un turismo que genera contaminación de todo tipo, no se entiende a un ecosistema frágil y se busca el beneficio económico sobre todas las cosas. Es el caso del desierto de Erg Chebbi, maravillosas arenas de tonos rojizos, dunas que juegan con sus formas a través de la luz del sol, silencio, paz y armonía que se ven alterados por unos descerebrados al mando de sus máquinas. Los quads y todo terrenos se adentran en las dunas y hacen un destrozo que no sólo agrede visualmente, están desapareciendo especies de aves y otros animales que vivían en las arenas, rompen el equilibrio y causan accidentes en los pueblos de la zona. Yo mismo pude asistir a una escena que aun me da ganas de vomitar por aguantarme la rabia y no responder enérgicamente. Llevaba toda la tarde en la cresta de la gran duna, observaba las líneas puras y la sutileza con que la naturaleza dibuja con la arena, contemplaba su metamorfosis de color y forma cuando el sol hacía su trayectoria hacia el ocaso. Disfrutaba de los espíritus de la pachamama cuando el viento levantaba pequeñas cortinas de arena que se teñían de color oro y danzaban de un lado a otro deleitando todos mis sentidos. Observaba, sentía, dialogaba, agradecía el poder formar parte de esta maravillosa vida. Cuando ya los tonos anaranjados teñían el cielo y su efecto bañaba las dunas, cuando mis dedos se dejaban llevar por ese momento y dibujaba líneas armónicas en la arena, entonces comenzaron los rugidos, podía escuchar y visualizar como dos todo terreno 4X4 se aproximaban rompiendo con su peso las dunas, dejando surcos que eran como heridas. Por otro lado salían del cercano pueblo otras máquinas que se presentaban más infernales, los quads se aproximaban a la gran duna, como si de una batalla con la naturaleza se tratase iban deshaciendo crestas de arena, su rugido se hacía más insoportable a medida que se acercaban. Su objetivo fue la gran duna, ascendían las máquinas como con rabia y llegaban a la cima para romper y aplastar sus impecables líneas. Que pena y que rabia me dio, pensaba cuanto tiempo tardaría la duna en curarse de las heridas, teniendo en cuenta que en prácticamente todo lo que alcanzaba mi vista aparecían sus huellas. Imaginaba como lo llevaría la fauna de la zona que antes era una reserva de aves y ahora apenas se ve una.






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- Crónica 20 Enero 2007. Brasil y la Tierra, los Sin Tierra del Mato Grosso.

República Federal de Brasil, quinto país del mundo en extensión. Novena potencia económica mundial. Posee la mayor superficie agrícola del planeta. A pesar de sus tierras fértiles y soleadas, a pesar de sus recursos minerales y las mayores reservas de agua dulce del mundo, hay una gran desigualdad social, casi el 30% de la población vive con menos de 1 dólar diario. Según Naciones Unidas, Brasil es el país con peor reparto de tierras y mayor desigualdad social. El 50% de la tierra brasileña pertenece a un 1% de la población, daros cuenta de lo que significa esto, fincas mayores que algunos países europeos. Por si fuera poco, los hacendados contratan a los trabajadores “boyafrías” con sueldos y condiciones de vida que se pueden considerar de semiesclavitud. La situación es complicada para los campesinos, los terratenientes se perpetúan, están instalados en los altos cargos de la política desde tiempos muy lejanos, además poseen gran poder económico. La solución para muchos pasa por ir a la ciudad, la ciudad no ofrece oportunidades y genera más miseria. Algunos movimientos sociales han intentado luchar contra esta situación, es el caso del MST (Movimiento Sin Tierra). Nunca hubo en Brasil una verdadera revolución, ejemplo de México con Pancho Villa y Emiliano Zapata, que distribuyera más equitativamente la riqueza, las tierras. El problema de la tierra en Brasil parte de la época de la colonización. Con el gobierno de Lula se prometió la reforma agraria que permitía un cambio social y terminaba con la concentración de la tierra, pero no se está cumpliendo, antes de una reforma agraria sería necesaria una reforma política. Como os contaba antes, dentro del poder político están los propios terratenientes y sus aliados. Es triste, muy triste comprobar con tus propios ojos la situación en la que viven-malviven muchas familias. Dentro de este panorama de injusticia hay algo de optimismo, el MST lucha desde los años 80 por dotar de tierras a los campesinos, por recuperar la dignidad perdida o talvez nunca conocida.

Nuestro trabajo se centra en el campamento de la BR-158, se encuentra cerca del municipio de Riberao Cascalheira, en la región del Mato Grosso. La peculiaridad de esta región, con respecto a la distribución de la tierra, es que el MST apenas actúa, sus fuerzas se ven mermadas, no ven posibilidades de desarrollo en zonas tan aisladas, pueden hacer poca presión mediática y en todo caso la explotación de la tierra tendría como misión la subsistencia y no la comercialización del producto. Pese a ello, existen numerosos campamentos en las cunetas de las carreteras que esperan la expropiación de alguna hacienda. La República Federal les asiste con el INCRA (Instituto Nacional de Colonización y Reforma Agraria), es el órgano de gobierno que debe de poner en marcha lo prometido por Lula, gestiona la expropiación y coordina el asentamiento de los sin tierra, pero no siempre son trigo limpio e incumplen sus obligaciones. Los asentados reciben del INCRA la cesta básica: arroz, frijoles, leche en polvo, aceite de soja, harina, plásticos, lonas, jabón, y poco más. Este suministro es mensual y “cubre” las necesidades básicas de los acampados a la espera de que se regule su situación, esto puede durar más de cinco años. El campamento de la BR-158 se encuentra a los lados de una carretera, les protege un pequeño mato (selva), y les rodean haciendas de plantaciones de soja que se pierden en el horizonte (Brasil es uno mayores productores de soja del mundo). Las sustancias que utilizan para su protección y fertilización son altamente tóxicas, tanto que están contaminando ríos y selvas, están acabando con todo. Incluso la gente del campamento, que se baña en las aguas de un río de aguas cristalinas, sufre infecciones, reacciones alérgicas y quien sabe en un futuro. Marina se baño un sólo día y le salieron manchas en la piel. La zona del campamento era utilizada para tirar los bidones y latas de pesticidas, aun quedan. Hay que tener en cuenta de donde viene la soja que consumimos, pero la gran parte de la producción es destinada para alimentar a la ganadería de Occidente. Aquí, donde apenas las vacas pueden pastar en el campo y las gallinas viven confinadas en espacios donde no se pueden ni mover (Os recomiendo los documentales Baraka y Home), la comida proviene de la deforestación de zonas amazónicas.
Nuestro centro de operaciones es Sao Félix do Araguaia, desde allí viajamos al campamento de la BR-158 donde pasamos algunos días. El trayecto es de 8 horas en autobús, las carreteras, repletas de baches profundos, son de una tierra rojiza. Si llueve, lo normal para estas fechas, se desbordan riachuelos y se forman unos barrizales que hacen más lento y duro el recorrido. Los paisajes son contradictorios, por una parte encuentras belleza, los campos se tiñen de un verde manto y se extienden en el horizonte moteados por altas palmeras, algo de vegetación alta y pájaros de gran colorido; pero por otra se te hace un nudo en el estómago, contemplas los solitarios esqueletos de árboles calcinados, símbolos dramáticos de la destrucción masiva. Poca selva queda, algunos minúsculos reductos que parecen dejados intencionadamente con la misión de mostrar como era esa NATURALEZA antes de que se crearan los latifundios, entraran las reses y los cultivos destructivos de la soja.

La situación interna del campamento es complicada, ya se ha elegido líder o presidente, Bin Laden. Este personaje es interesante desde el punto de vista del documental, pero tiene un dudoso pasado, es un gran orador y manipula a estas pobres gentes. Nosotros vemos un líder dañino para los intereses de la colectividad en un futuro asentamiento. Observamos sin intervenir el devenir del campamento y lo vemos muy oscuro. Dijaume, el otro posible líder, el que partía como protagonista, la persona que nos unía en el documental a Pere Casaldáliga ha desaparecido. Por lo que sé y he visto en las imágenes que Pera y Marina grabaron en Febrero es una persona coherente, capaz de sacar adelante este campamento. Pero el ansia de poder carcome a todos los estratos de la sociedad, Bin Laden ha hecho campaña contra él en su ausencia, incluso pensamos, por una señora que estaba de su lado, que lo han amenazado de muerte, sabemos que allí su vida corría peligro, ya ha podido pasar de todo. Vamos a intentar localizarlo para que nos cuente que ha pasado, esto es trabajo de investigación muy complicado.

En el campamento ahora viven 20 familias, gente increíble, historias alucinantes, duras, injustas, luchadores infatigables, vidas solitarias y con mucha familia que sacar adelante. Los hay de dudosos intereses como Bin Laden; condenados por delitos, el chico del tatuaje de justiçia divina fue acusado de asesinato, él asegura que injustamente. Otros en los que se acentúa el dramatismo de sus vidas: Osvaldo vive en soledad, no se relaciona con nadie, no sabe leer ni escribir y lleva toda su vida trabajando en haciendas para terratenientes sin escrúpulos, hace curas con hierbas del mato, es enorme y tiene una voz que te entra dentro y abre hueco. Familias rotas con muchos hijos por aquí y por allá (en Brasil la gente se junta muy joven, tienen hijos y suele ser común que se separen, los niños pueden acabar en casa de tías, abuelas, la madre y hermanastros, el padre madrastra y hermanastros...). Hay un señor mayorcito que tiene una casita de palos, vive con tres hijos, dos niños y una niña, también con la madre, pero en otro pueblo tiene siete hijos más. Los hay que abandonaron a sus familias por el sueño de poseer una tierra, por dejar de malvivir trabajando para la hacienda y esperar poder volverse a reunir algún día. Hay muchas historias de las que nos vamos empapando cámara en mano, pero también sin ella. La vida en el campamento es dura, pero existe la alegría, sobretodo los niños se ven tan independientes y felices que parecen ajenos al drama de sus vidas. Juegan y corren aventuras, me recuerdan mi infancia. Lo peor es que si la cosa no cambia el futuro que les espera es tremendamente duro. Una señora les viene a dar clases, pero todo es muy básico. Estamos rodeados de ellos todo el día, nos acompañan con sus risas, con su frescura, son muy cariñosos, son increíbles, les coges apego. Los mayores te acogen en sus barracas, te muestran sus casas provisionales, muchas veces con orgullo, parece mentira pero es así. Poseen objetos tan sencillos, tan precarios... te lo muestran todo, son hospitalarios, amables, un día casi me echo a llorar cuando Osvaldo, el señor solitario, nos enseñaba su casita de plástico negro y su mirada se perdía en alguna parte, tal vez dibujaba otra estancia de su pasado. Nos invitan a café, a comer, nos cuentan la historia de su vida, de su lucha, de su sufrimiento.

- 2007 Karajás. Isla Bananal, Tocantins, Brasil

Hace algunos días nos dimos un respiro de tanta filmación, estuvimos en Fontoura, aldea de los indios Karajás situada en Isla Bananal (la mayor isla fluvial del mundo), fue invitación de Tohobare, el cacique. Nos acompañó un personaje que conocimos al poco de llegar. Con él hemos hecho excursiones en la selva y por el río Araguaia; hemos ido de día y a la luz de la luna; también he podido cometer todo tipo de aventuras imprudentes (algún día os las cuento, que nadie se preocupe). Le llaman Natural, hace de guía, es una de las pocas personas que luchan por mantener el ecosistema de esta zona lejos de agresiones.

Los karajás celebraban el Hetohoky, un ritual de iniciación de los niños a la edad adulta, duraba varios días. El viaje a través del río Araguaia fue increíble, un perfecto preludio de lo que iba acontecer. La naturaleza que nos rodeaba era majestuosa, esa zona es reserva de los indios y se contempla como no deteriorada-arrasada por los intereses económicos de fazendeiros o multinacionales. Nos entretuvimos tanto en el trayecto que llegamos tarde a las celebraciones (no sabéis como me dolió, era cuando se engalanaban con pinturas, plumas y otros elementos sacados de la naturaleza). Pero bueno, allí estábamos, en la aldea Fontoura. Ya me conocéis, os podéis imaginar la emoción que recorría todo mi cuerpo. Cuando nos íbamos acercando a la aldea nos llegaba el sonido de sus ancestrales cantos, las cabañas de barro y paja se alineaban a orillas del río, algunas desprendían humo y el olor a comida indicaba que estaban asando pescado, las primeras figuras humanas se dibujaban en el paisaje. Con la sensación de haber roto la barrera del tiempo nos dirigimos al centro de la aldea, lugar donde estaban realizando las celebraciones. Ya era casi de noche, contemplé hipnotizado sus danzas, sus cuerpos desprendían un olor agradable y misterioso, se embadurnan con una resina que sacan de un árbol del bosque y a la que adhieren plumas, ese olor lo invadía todo. Iban de un lado a otro, se detenían en grupo y cuando menos lo esperabas salían corriendo hacia el río. Gritaban y reían de forma extraña, no entendía nada, no parecían responder a coreografía alguna pero tampoco era muy desordenado. Más tarde me explicaron que se trataba de juegos y bromas preámbulo de la ceremonia principal, un ejemplo de la alegría y simpatía que caracteriza a esta etnia.

Pasado un tiempo todo se relajó, pequeños grupos de Karajás recorrían la aldea “asustando” a sus gentes (formaba parte de las bromas). Como no nos habíamos desprendido del material de viaje y apenas habíamos comido una farinha de puba con rapadura pura de caña de azúcar (según Natural alimentos perfectos para la supervivencia en la selva), fuimos invitados por el cacique a cenar un pescado a la brasa (buenísimo, lo compartimos con las cientos de hormigas que lo invadían todo y que con la penumbra no notabas hasta que te correteaban por la mano), también algo de carne y arroz. Más tarde nos llevaron al lugar donde pasaríamos la noche, un pabellón donde realizan celebraciones. El olor y la sangre seca en el suelo respondían a la vaca que habían matado hace unos días.

Regresar a las celebraciones fue comenzar a tomar noción de los problemas que perturban el equilibrio de esta gente. De todos los hombres que participaban en los rituales (las mujeres no lo hacen), había una gran parte en estado de embriaguez, el alcohol está haciendo estragos. Los más jóvenes además de beber, inhalan pegamento, fuman marihuana y consumen otras sustancias que los están llevando a la desintegración. Otro factor negativo que afecta a los karajás, este más complejo de analizar, es la incursión en el seno de las propias aldeas de todo tipo de iglesias, principalmente bajo la denominación de “evangélicos”. El auge del protestantismo en Brasil se debe al pentecostalismo nacido en EEUU, especialmente a los neopentecostales. He conocido a tres caciques, uno ha sido pastor evangélico, otro, Tohobare, procesa una religión por el estilo, de Samuel os hablaré más tarde. Los chamanes ya no comunican con las fuerzas de la naturaleza, las técnicas arcaicas del éxtasis, que nos definiera en sus tratados Mircea Eliade, están desacreditadas, casi desaparecidas. Los rituales que pudimos contemplar asombrosamente se van manteniendo, también algunas tradiciones pero todo corre peligro de desaparecer. Su cultura se enfrenta al desarrollo de forma desapacible, pese a los esfuerzos de organizaciones indígenas y del propio gobierno con la FUNAI (Fundação Nacional do Índio), el choque cultural los margina y desubica. Por no hablar de los intentos constantes de desapropiación de sus tierras para la explotación de sus recursos. Viven en una constante amenaza, la que viene del exterior y la que se ha ido introduciendo en sus propios espacios, la fiebre por el consumo les ha abordado, la aldea está llena de desperdicios, de basura que no saben gestionar: pilas, plásticos, latas... al final todo lo lleva el río. La FUNAI se encarga de asegurar su integración, garantizan la sanidad con la FUNASA y la educación (bilingüe), invierte y da ayudas para proyectos. Todo parece correcto pero hay una corrupción tremenda, esté órgano de gobierno hace aguas, desde diferentes ámbitos se les acusa de desvíar fondos para beneficio de unos pocos, deja necesidades básicas sin cubrir, no soluciona la desigualdad social dentro de las aldeas, domina la desorientación y la injusticia. Por si fuera poco hemos podido comprobar como los indígenas están bastante discriminados, el resto de la sociedad se queja del especial proteccionismo del gobierno: ayuda económica desde que nacen, cesta básica, sistema de salud gratuito, grandes extensiones de tierra como reserva indígena donde sólo ellos pueden vivir, falta de restricciones en caza y pesca, nula integración en el mercado laboral convencional… Lo cierto es que los indígenas que mantienen su identidad original casi fueron exterminados. Hay datos alarmantes al respecto, en el 1500, cuando llegaron los portugueses, había entre uno y cinco millones. En los ochenta se redujeron a poco menos de 300.000. La Constitución de 1988 determinó la demarcación de las reservas indígenas, el plazo era de cinco años, por el momento el gobierno sólo ha demarcado alrededor de dos tercios de las 561 áreas reconocidas como derecho de los pueblos autóctonos. Estas tierras suman 98,6 millones de hectáreas, un 11,5% del territorio nacional, extensiones, como os comentaba, en lucha permanente por culpa de fazendeiros y con menos fuerza posseiros. Muchos indígenas siguen muriendo por este motivo. Aun así, gracias al reconocimiento y la (lenta) protección de sus territorios la población crece por encima de la media nacional.

A las cinco de la mañana, después de haber intentado inútilmente dormir (entre otras cosas había una tormenta espectacular, no me la podía perder), pudimos contemplar la parte más importante del ritual. Llovía a cantaros pero nada se detenía, unos niños disfrazados con trajes de paja danzaban, otros salían de “la cabaña del secreto de los hombres” con trajes que representaban a dioses, se dirigían a la muchedumbre, escogían a siete niños y se los arrebataban a sus madres. Los escogidos pasarían un tiempo en “la cabaña del secreto de los hombres” totalmente aislados. Allí nunca pueden entrar las madres, ninguna mujer. Los niños que pasan a la edad adulta a través de esta ceremonia son protegidos por los dioses, son fortalecidos.

Pasado el medio día dejamos Fontoura, la lluvia seguía cayendo, el cielo permanecía de un gris oscuro, el río se mostraba más amenazante, los tonos verdes de la selva eran más sombríos, la sensación que llevaba conmigo era agridulce.

Antes de regresar a Sao Félix, Natural nos llevó a otra aldea, allí conocimos al cacique. Samuel dejó a su etnia muy joven, estudió abogacía (derecho). No le gustó lo que vio en nuestro mundo “civilizado” y regreso a la aldea. Allí tuvo un desencuentro, pudo comprobar como su pueblo se dejaba llevar sin control arrastrado por el progreso, ¿preámbulo de desaparición de una cultura? Infeliz, después de muchos esfuerzos estériles, se alejó de su gente. Formo su propia aldea. Este lugar, además de ser hermoso, es un ejemplo de respeto al medioambiente. Samuel tiene muchas ideas para poder cambiar las cosas, para mantener las tradiciones sin renunciar al progreso, es un ejemplo digno de admiración, es una muestra de que no está todo perdido.

Samuel quiere compartir experiencias con personas de otros países, intenta que su cultura sea conocida y respetada. Desea iniciar proyectos que beneficien ecológicamente a la aldea y culturalmente a su pueblo. Trata de fomentar un desarrollo sostenible que sea ejemplo para el resto de las aldeas.

- Crónica 11 del Enero 2010. Portachuelo, los Tacana y Ese Ejja, el peligro de la represa

Crónica 11 de Enero del 2010:
El megaproyecto de la des-esperanza
Volvemos a estar en Riberalta, regresamos ayer de Brasil, de Porto Velho donde conseguimos reunirnos con un personaje que ocupa el cargo de relaciones institucionales de la empresa Odebrecht (Odebrecht es una empresa 100% de capital privado, están construyendo una mega-represa, hidroeléctrica de Santo Antônio y pretenden en Cachuela Esperanza-Bolivia, además de otros megaproyectos), pudimos filmar las instalaciones de la represa, en el río Madera. Nunca me había puesto enfrente de una persona que simbolizara con tanta precisión al capitalismo sin escrúpulos, era economista, hablaba de beneficios, economía global, del proyecto de las represas en los ríos amazónicos, de crear hidrovías que unan Sudamérica y salgan a los océanos para sacar las materias primas de las grandes empresas y corporaciones que pretenden explotar el suelo amazónico: minería, agronegocio (con la soja como mayor exponente), vías ferreas, carreteras...
Por otra parte pudimos documentar el otro punto de vista, entrevistamos al dirigente del movimiento anti-represas de Brasil(MAB), que nos contó entre otras cosas que Odebrecht no está cumpliendo con las condiciones de reubicación, hay afectados y desplazados que pueden quedarse sin ni siquiera indemnizaciones.
Estos megaproyectos intentan transnacionalizar la amazonía, quieren la expansión sin límites de las corporaciones internacionales, el personaje sin escrúpulos cree en lo que dice, en lo que representa, cree en las cifras y no piensa en el impacto medioambiental, o lo hace con gestos de cara a la galería “plantaremos árboles en todos aquellos lugares en los que nuestra actividad ya no sea necesaria” ya han talado árboles milenarios, matado toneladas de peces y destruido el ecosistema de ribera de miles de especies. Cuando lleguen las inundaciones por las represas el impacto será mucho mayor. El personaje sin escrúpulos no piensa en las miles de familias de ribereños, campesinos, pescadores, indígenas que serán desplazados a causa de la subida de los ríos, personas que tendrán que cambiar su sistema de vida y verán desaparecer su ubicación familiar, sus tradiciones ancestrales. Y si piensa en ellos lo hace a su manera, manipulando cifras, pasando por alto a aquellas familias que no tienen título de propiedad de la tierra. Les ofrecen otras casas en otros territorios “agrovillas”, nada que ver con lo que tenían la verdad, sin el río que les da la vida, sin apenas tierras para sus cultivos. Otra solución que se les da es una compensación económica que no solucionará sus vidas más que por unos años, si llega, o ubicarlos en las ciudades a través de créditos de vivienda y una cantidad de dinero que lejos de solucionar en la mayoría de los casos destruirá sus vidas. A los indígenas, que tienen derechos ancestrales sobre las tierras, los están desuniendo para mermar sus fuerzas, nos comentan que les hacen regalos, compran a sus dirigentes. La magnitud del desastre medioambiental y social que se avecina en la amazonía es descomunal, a través del IIRSA (Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana) se pretende llevar a cabo más de 500 megaproyectos con el objetivo de sacar y transportar los recursos naturales y mercancías de la zona. Se están manejando cifras económicas enormes, pero gobiernos como el de Bolivia o Perú no pueden acarrear estos costes, a cambio del “progreso” se endeudarán y en lugar de llevar la calidad de vida a la población colmarán de beneficios a empresas como la mencionada anteriormente. Al pueblo se le presentan los megaproyectos como una necesidad de desarrollo, pero de qué desarrollo se está hablado, de los desplazamientos masivos, de la destrucción del ecosistema en el que han convivido en relativa armonía durante generaciones y generaciones. Ahora puede que sus vidas cambien, sí, las intenciones se van clarificando, pudimos entrevistar a un concejal del Ayuntamiento de Riberalta, se le llenaba la boca al decirnos que las multinacionales llegarán a la zona pues cuando construyan la represa de Cachuela Esperanza tendrán electricidad y mano de obra barata.
En Cachuela Esperanza recogimos varias declaraciones, una era de un representante del MAS que decía que la represa de ninguna manera afectaría al pueblo, que es patrimonio histórico y eso no puede pasar, a él mismo le habían mostrado el proyecto de la empresa Odebrecht y además, conocía personalmente a los ingenieros que habían estado en Cachuela. El otro señor había estado en una reunión con una delegación del gobierno y les habían informado de que la represa no iba a afectar al pueblo, pero que en caso de que lo hiciera les construirían otras casas en otro espacio cercano. Elpueblo puede que se beneficie económicamente de la construcción, algunos ya están creando las infraestructuras para acoger a los trabajadores que serán necesarios, pero Cachuela Esperanza cambiará el rugido de sus aguas, el de la mismísima Pachamama, por el de la maquinaria infernal. Su paisaje se verá afectado considerablemente, donde antes había barcas, vegetación, restos de semillas y maderas que arrastran los valiosos ríos amazónicos, ahora predominarán los bloques de hormigón; donde anualmente surgían las playas de arena por la bajada de los ríos, y que atraía no sólo a pescadores aficionados sino también como forma de vida a pueblos indígenas ancestrales, entre ellos los Ese Ejja, ahora surgirán enfermedades como la malaria, el paludismo, dengue… pues se alterará todo el dinamismo de la circulación del agua, mantendrá un caudal constante.
Estas cuestiones están pasando en el Brasil de Lula, se extienden por Perú, Ecuador y ahora pretenden llegar a Bolivia. De momento Evo Morales ha dado prioridad a las hidroeléctricas y a la represa de Cachuela Esperanza. Se sabe que más del 80% de la energía que genere será para vender a Brasil, que pretende ser el gigante latinoamericano. Brasil está tomando tanta influencia política y económica en Sudamérica que está arrastrando a gobiernos como el de Evo Morales a tomar decisiones como la de construir la represa de Cachuela Esperanza. Y aquí nos tendríamos que hacer la pregunta de si verdaderamente este esfuerzo merece la pena, de si no hay otras alternativas. El que debería de responder es un gobierno indigenista, defensor de la Pachamama que se enfrenta o cede al chantaje desarrollista y neoliberal.
Nosotros pasamos unos días en las comunidades indígenas Ese Ejja,Tacana y Cavineño que pueden ser afectadas por la represa de Cachuela, hay una falta de información que hace sospechar de que el gobierno está utilizando la estrategia del mutismo para adelantar el proyecto hasta que no sepueda dar marcha atrás y los movimientos sociales sean estériles. En algunas entrevistas a dirigentes nos dimos cuenta de que no había implicación ni energía en el tema, luego nos hemos enterado de que se están empezando a comprar dirigentes. Por otra parte no se está cumpliendo el convenio 169 de la OIT (Organización Internacional del Trabajo), que obliga a los países que lo han ratificado, entre ellos Bolivia, a consultar a las comunidades indígenas sobre los proyectos que les afecten y a ponerse de acuerdo.
Nuestro trabajo en ocasiones casi es de investigación, la información nos lleva a la implicación y esto hace que no puedas dejar de posicionarte, dan ganas de implicarse más activamente en la lucha, aquí hay desinformación, corrupción y poca formación, pero hay que medirse, hay que tener prudencia pues en un momento dado todo se puede volver en nuestra contra. Conocemos a activistas, luchadoras y luchadores incansables, líderes, dirigentes y con ellos compartimos información y experiencias, más que nada aprendemos, muchos ejemplos de integridad, compromiso y energía.